El euro digital: beneficios y riesgos para el ciudadano
Fiscalidad
En los últimos meses, la Unión Europea ha avanzado en la creación de una moneda digital de banco central (CBDC, por sus siglas en inglés Central Bank Digital Currency), el conocido euro digital, con el objetivo de que sea una versión electrónica del euro, emitida por el Banco Central Europeo (BCE) y disponible para la población para los pagos cotidianos. El proyecto ha superado la fase de estudio y, según las instituciones, entra en una fase de desarrollo que podría conducir a su emisión en los próximos años si se aprueba el marco legal. Se habla de un posible lanzamiento de esta moneda en torno a 2029.
El euro digital puede ofrecer pagos más seguros, rápidos y bajo control europeo, pero su diseño determinará si predominan los beneficios o los riesgos.
Son varios los beneficios que, según el BCE, puede aportar el euro digital.
- Seguridad y garantía estatal: el euro digital sería dinero de banco central, con el mismo nivel de seguridad y garantía que los billetes y monedas, lo que lo situaría con menos riesgo que algunos instrumentos privados. Esto podría reforzar la confianza en los medios de pago.
- Inclusión y eficiencia de los pagos: podría facilitar pagos inmediatos entre personas y comercios, tanto en línea como potencialmente fuera de línea, reduciendo comisiones y fricciones de los proveedores privados.
- Soberanía y competencia: la UE defiende que una CBDC preserva la soberanía monetaria frente a plataformas de pago externas y al avance de monedas digitales privadas. Esto se presenta como una protección de la independencia económica europea.
A pesar de todos los beneficios anunciados, son muchos los riesgos que se plantean y que generan dudas sobre la necesidad de implantar esta moneda.
- Privacidad y control administrativo: a diferencia del dinero en efectivo (anónimo y fuera de la red), una CBDC puede dejar un rastro digital de las transacciones. Esto abre la puerta a un aumento de la capacidad de análisis y, si no se regulan garantías estrictas, a controles administrativos o judiciales más sencillos sobre cómo y cuándo se gasta el dinero. El hecho de que pueda ser una moneda programable puede resultar útil en políticas públicas, pero también puede limitar libertades económicas si se abusa de ello.
- Concentración y poder público: si la Administración o el Banco Central pueden acceder a datos o controlar flujos, existe el riesgo de que aumente el control político sobre la economía, por ejemplo mediante sanciones económicas o limitaciones de uso, con impacto en los derechos civiles si no existen frenos legales muy claros.
- Impacto sobre los bancos comerciales: si muchos ciudadanos trasladaran sus depósitos a cuentas en CBDC, los bancos podrían perder recursos para el crédito; el ecosistema financiero ha propuesto soluciones como límites de tenencia y mecanismos de compensación, pero la transición conlleva incertidumbre.
- Ciberseguridad y resiliencia: al tratarse de una infraestructura crítica, la CBDC puede convertirse en un objetivo claro de ciberataques. La protección técnica y los planes de contingencia serán determinantes para evitar interrupciones o pérdidas masivas.
En definitiva, el euro digital puede ofrecer pagos más seguros, rápidos y bajo control europeo, pero no es neutral: la forma en que se diseñe (privacidad por defecto, límites de tenencia, supervisión independiente, transparencia legislativa) determinará si predominan los beneficios o los riesgos. Por este motivo, la decisión final no es solo técnica, sino política y regulatoria, y es necesario exigir fuertes garantías legales en materia de privacidad, separación de usos, para evitar una programabilidad arbitraria, así como mecanismos que preserven la intermediación bancaria y la libertad individual.

